Primicias - LA REFORMA DEL SECTOR ELECTRICO
A mediados de la pasada semana, el Vicepresidente Ejecutivo de la Corporación de Empresas Estatales de Electricidad, Rubén Jiménez Bichara, celebró un importante y orientador encuentro con un numero grupo de comunicadores y líderes de opinión.
En una detallada exposición que se extendió por espacio de algo más de una hora, el funcionario quien endosa una larga experiencia en el manejo del crítico sector eléctrico expuso con meridiana claridad la real situación del mismo y esbozó el plan del gobierno para en el mediano plazo, estaríamos hablando de entre tres y cuatro años, proveer al país de un sistema sostenible y confiable a un costo de generación mucho más económico que elimine o reduzca de manera significativa el monto del subsidio y permita inclusive a los usuarios, pagar tarifas más económicas.
El país ha venido arrastrando por casi medio siglo uno de los peores y más antieconómicos sistema de electricidad del Continente y posiblemente del mundo. Gobierno tras gobierno, el tema eléctrico ha figurado en la agenda de promesas y prioridades sin que se haya podido dotar al país de un suministro medianamente estable. Los perjuicios que se han derivado de esa situación han sido incalculables y crecientes no solo por las pérdidas que ha provocado, sino más todavía por los beneficios dejados de percibir debido a los obstáculos que ha interpuesto en el camino de nuestro desarrollo económico y social.
Es un problema que se ha ido agravando con el tiempo y llegado a su punto más crítico en la última década, donde el subsidio eléctrico ha venido tragando literalmente un promedio entre mil 200 y mil 500 millones de dólares anuales y que como hemos expresado en otras ocasiones, es un dinero gastado sin retorno, prácticamente echado al mar. Este año, marchamos por el mismo camino. Las pérdidas reportadas por la Corporación durante el primer trimestre, superan los 314 millones de dólares. A este ritmo, el Estado tendrá que desembolsar mucho más de mil doscientos millones de dólares para subsidiar un servicio caro y pésimo. Se trata de una situación tan inaceptable como insostenible.
Cierto que la solución del problema eléctrico es compleja y requiere de medidas diversas. Pero la principal raíz del problema reside en el elevado costo de la generación. No es posible, como apuntó Jiménez Bichara, que en el tramo de las plantas de producción más cara, el kilovatio venga a costar a casi 40 centavos de dólar. El paso fundamental por consiguiente, es cambiar la matriz de generación para disponer de energía más barata. Es un enfoque correcto.
De ahí, que la clave del plan que ha esbozado el gobierno llevará al Estado a intervenir más directamente en la generación, mediante la adquisición de sendas plantas a carbón y a gas natural, a través de un proceso de licitación, que incorporarían al sistema 600 megavatios adicionales a un costo de producción mucho más reducido. El siguiente paso sería darle prioridad de entrada al sistema a las plantas de generación más económica conjuntamente con la producción de las hidroeléctricas que están siendo sometidas a un proceso de recuperación. Al entrar el Estado en competencia, el sector privado de la electricidad se vería impelido a su vez a entrar un proceso de modernización que le permita mejorar su eficiencia y reducir sus costos de producción.
Obviamente, asumir un empeño de las dimensiones financieras que requerirá el plan expuesto por el Vicepresidente de la Corporación, requerirá apoyarse en una decidida voluntad política. Cualquier duda en este sentido, se encargó prontamente de despejarla el Presidente Danilo Medina, cuando casi de inmediato declaró de manera categórica que está en disposición de vencer todos los obstáculos para dejar resuelta la crisis eléctrica antes de que finalice su mandato.
De lograrlo, por sus enormes implicaciones económicas, sociales y hasta políticas, sería el más notable legado que pudiera dejar su gestión de gobierno para el futuro de la nación.
A mediados de la pasada semana, el Vicepresidente Ejecutivo de la Corporación de Empresas Estatales de Electricidad, Rubén Jiménez Bichara, celebró un importante y orientador encuentro con un numero grupo de comunicadores y líderes de opinión.
En una detallada exposición que se extendió por espacio de algo más de una hora, el funcionario quien endosa una larga experiencia en el manejo del crítico sector eléctrico expuso con meridiana claridad la real situación del mismo y esbozó el plan del gobierno para en el mediano plazo, estaríamos hablando de entre tres y cuatro años, proveer al país de un sistema sostenible y confiable a un costo de generación mucho más económico que elimine o reduzca de manera significativa el monto del subsidio y permita inclusive a los usuarios, pagar tarifas más económicas.
El país ha venido arrastrando por casi medio siglo uno de los peores y más antieconómicos sistema de electricidad del Continente y posiblemente del mundo. Gobierno tras gobierno, el tema eléctrico ha figurado en la agenda de promesas y prioridades sin que se haya podido dotar al país de un suministro medianamente estable. Los perjuicios que se han derivado de esa situación han sido incalculables y crecientes no solo por las pérdidas que ha provocado, sino más todavía por los beneficios dejados de percibir debido a los obstáculos que ha interpuesto en el camino de nuestro desarrollo económico y social.
Es un problema que se ha ido agravando con el tiempo y llegado a su punto más crítico en la última década, donde el subsidio eléctrico ha venido tragando literalmente un promedio entre mil 200 y mil 500 millones de dólares anuales y que como hemos expresado en otras ocasiones, es un dinero gastado sin retorno, prácticamente echado al mar. Este año, marchamos por el mismo camino. Las pérdidas reportadas por la Corporación durante el primer trimestre, superan los 314 millones de dólares. A este ritmo, el Estado tendrá que desembolsar mucho más de mil doscientos millones de dólares para subsidiar un servicio caro y pésimo. Se trata de una situación tan inaceptable como insostenible.
Cierto que la solución del problema eléctrico es compleja y requiere de medidas diversas. Pero la principal raíz del problema reside en el elevado costo de la generación. No es posible, como apuntó Jiménez Bichara, que en el tramo de las plantas de producción más cara, el kilovatio venga a costar a casi 40 centavos de dólar. El paso fundamental por consiguiente, es cambiar la matriz de generación para disponer de energía más barata. Es un enfoque correcto.
De ahí, que la clave del plan que ha esbozado el gobierno llevará al Estado a intervenir más directamente en la generación, mediante la adquisición de sendas plantas a carbón y a gas natural, a través de un proceso de licitación, que incorporarían al sistema 600 megavatios adicionales a un costo de producción mucho más reducido. El siguiente paso sería darle prioridad de entrada al sistema a las plantas de generación más económica conjuntamente con la producción de las hidroeléctricas que están siendo sometidas a un proceso de recuperación. Al entrar el Estado en competencia, el sector privado de la electricidad se vería impelido a su vez a entrar un proceso de modernización que le permita mejorar su eficiencia y reducir sus costos de producción.
Obviamente, asumir un empeño de las dimensiones financieras que requerirá el plan expuesto por el Vicepresidente de la Corporación, requerirá apoyarse en una decidida voluntad política. Cualquier duda en este sentido, se encargó prontamente de despejarla el Presidente Danilo Medina, cuando casi de inmediato declaró de manera categórica que está en disposición de vencer todos los obstáculos para dejar resuelta la crisis eléctrica antes de que finalice su mandato.
De lograrlo, por sus enormes implicaciones económicas, sociales y hasta políticas, sería el más notable legado que pudiera dejar su gestión de gobierno para el futuro de la nación.
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